Mis hermanas y yo nos hemos criado con perro en casa desde pequeñas, eran una más de la familia y, estoy convencida de que eso, nos ha hecho mejor personas a todas.
Debo darles las gracias a mis padres porque sé que, atender una mascota no es tarea fácil y, hasta que nosotras fuimos mayores para ocuparnos de ellas (porque siempre fueron hembras) eran ellos los que asumían su cuidado, además del nuestro y somos 5!!!
En fin, llegó un momento en el que me plantee que quería una perrita que formara parte de mi familia y que mi hija aprendiera y se enriqueciera con ella y, por eso, cuando me cambié de casa y tuvimos más espacio y un jardín para disfrutar todos, pensé que era el momento.
Zoska llegó a casa un sábado de semana santa de 2014. Llevaba varias semanas visitando centros de adopción y pensando en un perro de más de 1 año o así pero, cosas de la vida, no se cerraba la adopción.
Desde hace un año, en casa somos tres, tres chicas. Yo tengo unos cuantos años, Lucre 5 y Zoska 14 meses. Es como tener 2 niños en casa, ¡en vez de uno!
Lo que empezó como una aventura lo está siendo y aunque, por momentos, es dura y difícil, son tantas las satisfacciones que nos está dando que creo que merece la pena, sin duda.
Adopté a Zoska para que fuera parte de nuestra familia y, así es desde el principio. Mi hija dice que tiene nuestros apellidos y se despide de ella cuando se va al cole (y no siempre se despide de mi). Le dice “Adiós Zoska guapa, te quiero” y le da un beso, a continuación me pregunta, mami, ¿tengo pelos?
Cuando Zoska llegó a casa, tenía 5 semanas y era muy pequeña para haberla separado de sus padres. Yo no sabía esto ni las carencias que este hecho había provocado en su evolución “perruna” porque, por mucho que la queramos y así es, se trata de un perro con sus propias necesidades. ¡No es una persona ni necesita lo mismo que yo!
Pasados los 4 primeros meses de relación bucólica pues, los cachorros son todos adorables, empiezan los problemas y, no sabes por qué. El verano fue un horror de estrés y enfados porque pasaba tiempo sola (debe ser así) y destrozaba lo que pillaba por medio, zapatos, ropa, plantas, cojines, el jardín destrozado, etc., en fin.
Acabando el verano, la verdad es que yo había llegado a mi límite y en esa situación te planteas todo, la culpabilidad, el error en la adopción, la edad, el momento. Todo y, te encuentras en un callejón sin salida porque, las únicas “soluciones” que se te ocurren no las quieres.
En ese momento Carolina entra en nuestra vida, estamos en Octubre del año pasado y, en ese momento empezó a cambiar todo, lo que no quiere decir que no haya, aún ahora, momentos malos porque, hay altibajos, retrocesos y, vuelves a estar en una situación límite aunque, el apoyo constante de Carolina y Jose me ayudaron a superarlo.
Es muy importante que reconozcas que no estás bien, que te supera la situación y, aun así, sigas trabajando porque es lo que quieres y, de verdad, tiene su recompensa, aunque lo creas imposible.
A veces tienes que luchar por defender lo que quieres y, por no hacer caso a los que no te apoyan y creen que “estás haciendo una tontería”, que “no sirve para nada”… porque sólo entienden una forma de educar a tu perro pero, yo quería más, una perra tranquila, equilibrada, que hubiera pasado por todas las etapas que tenía que pasar como perro y que no había podido … aquí me acuerdo de como tenía la mano de dejar que me la mordiera pero, tenía que hacerlo y aprendió!
Seguimos trabajando pero, aunque yo no siempre sea consciente de lo que hemos avanzado como familia, cuando aquellos que no confiaban te dicen “que bien esta Zoska” o, “como ha cambiado” yo no puedo evitar sentirme muy bien.
Estamos en el camino y, todo gracias a la ayuda y apoyo de Carolina y Jose que, siguen ahí y ya forman parte de nuestras vidas además de ser vecinos y amigos.
Un beso muy fuerte de Mónica, Lucre y Zoska
